Doce uvas

 

Fuente: todamujer.com

 

Estoy a punto de cruzar la línea entre lo que no es y lo que quiero que sea con esta pequeña oración del poeta Omar Khayyam, Robaiyat:

Ábrete, hermano mío, a todos los perfumes, a todas las músicas.
Acaricia a todas
las mujeres. Repítete que la vida es breve y que pronto volverás a la tierra, seas agua de Zemzem o de Selsebil

Para gozar el encuentro, es necesario saber decir adiós...

Ya viajamos de mesa en mesa, ya mordimos el último membrillo del año, repartido entre esperanzas y penas por todo lo que sabe a nostalgia. Ya ansiamos cuerpos ausentes, perdido el sabor de la inocencia; ya hicimos tanto y tan poco, ¿qué nos aguarda después de la doceava uva?

No renunciemos a la nostalgia...

Y si alguien asegura que conoce la fórmula para preparar el mejor aderezo del mundo, creamos que así es. Creamos en su cremosidad, en su cómoda ligereza y en su capacidad para robustecer el sabor de los espárragos, de las espinacas, de los rojos betabeles, de las carnes frías y de casi todo lo que usted está pensando. (Y esto no es la penúltima receta del año, apenas una caricia mía.)

Coloque 2 huevos, media taza de vinagre de vino tinto, una cucharada de mostaza Dijon, una cucharadita de paprika, sal y una cucharadita de azúcar en un procesador, y acreme. Continúe mezclando mientras integra, lentamente, una taza de algún aceite de uva o de nuez.
Es todo.

No renunciemos a las lágrimas que nos hacen felices... ¿Qué fue de aquel beso largo que nos hizo cambiar de casa y se disipó como todo en nada? Ya avivamos las brasas mojadas por el caudal de lágrimas que se fueron evaporando en la luna que nos trajo la luz de esta mañana; ya hicimos tanto, y tan poco, ¿qué nos aguarda después de la doceava uva?

Aunque la nostalgia sea una enfermedad de solitarios...
Cocine 200 gramos de vermicelli de arroz en
agua hirviendo, durante cinco minutos. Sumerja ahí mismo 4 tallos de cebollín o de cebollita verde, hasta que suavicen. Sólo unos segundos. Enjuague con agua fría la pasta de arroz y el cebollín y escurra. Corte la pasta en puñitos de unos 10 centímetros, acintúrelos con una hoja de lechuga y coloque antes de atar el puñito con el cebollín, 3 camarones ya limpios y cocidos. Acompañe de una salsa cruda de cilantro, limón, chile habanero y pedacitos de mango o zarzamora, y una pizca de azúcar.

¿Qué nos aguarda después de la doceava uva?... ¿Qué habrá sido de esa extensa carta que abrimos con el pecho radiante, sólo para devolverla bajo dirección equivocada? Ya colmamos las plazas y las calles, ya invocamos días más justos, ya cantamos tantos presagios, ya hicimos tanto y tan poco. ¿Qué va a ser de esta intensa batalla que nos hizo aventurarnos, que será que fue cuánto y cuánto dura? ¿Qué va a suceder después de la doceava uva? Aunque la nostalgia, como la poesía, sea un error.